EMOCIONES Y SALUD


    Aunque tendemos a separar el cuerpo y la mente, en realidad los   dos son uno. El cerebro tan sólo es un órgano más del cuerpo. Por   lo que es indudable que lo que ocurre a nivel psicológico tiene una   repercusión a nivel corporal, y viceversa. 

 “LA MENTE ES LA PARTE INTERIOR DEL CUERPO Y EL   CUERPO ES LA PARTE EXTERIOR DE LA MENTE, POR LO   QUE  CUALQUIER COSA PUEDE EMPEZAR EN EL CUERPO Y PENETRAR EN LA MENTE O VICEVERSA: EMPEZAR EN LA MENTE Y PENETRAR EN EL CUERPO”. (OSHO). 

Hay personas que cuando están estresadas, nerviosas, ansiosas… padecen de dolor de estómago, estreñimiento/diarrea, aumento/disminución del apetito, dolores de cabeza… Sabemos que el estrés puede causar úlceras o incluso problemas cardio-vasculares. 

Además, cuando estamos estresados nuestro sistema inmunológico está más bajo por lo que es más fácil caer enfermos o que nos salgan herpes por ejemplo. También está comprobado que obstaculiza la recuperación de una enfermedad. En el caso del cáncer, está demostrado que con el estrés disminuyen las “Natural Killers”, que son las células que combaten la enfermedad. Por lo que en enfermedades crónicas y/o graves es de vital importancia aprender a gestionarlo. 

A veces también ocurre que lo que no se verbaliza, el cuerpo lo somatiza. Es decir, aquéllo que no expresamos, que reprimimos, acaba expresándose a través del cuerpo. El cuerpo nos “habla” a su manera, a veces incluso nos grita. Detrás de cualquier “algia” puede ocultarse una emoción no expresada. Debemos aprender a escuchar a nuestro cuerpo. Por el ritmo de vida que llevamos muchas veces tendemos a ignorar estas señales. Por ejemplo, a veces estamos cansados y en lugar de parar y descansar un rato, comemos algo como premio o nos tomamos algo que nos espabile y seguimos. Además nos justificamos diciendo que no tenemos tiempo para parar, ni tan siquiera para parar a pensar. Decir eso es como ir conduciendo, viendo que nos vamos quedando sin gasolina, y decirnos que no podemos parar a echar gasolina porque si no, no llegaremos a nuestro destino. Si no paramos a repostar, igualmente no llegaremos… Es tan importante mantenernos activos como saber parar. Se trata de aprender a darnos lo que necesitamos, a ser coherentes con la situación. 

También a nivel emocional. Sentir ansiedad ante una situación desagradable puede ser coherente, pero quizá el nivel en el que sentimos esa emoción no es el adecuado… Las emociones son una energía que nos mueve, que nos impulsa a actuar. Nos ayudan a adaptarnos a una situación. Si en lugar de ayudarnos, nos perjudican, debemos trabajar para gestionarlas de manera que jueguen a nuestro favor. No podemos escoger qué emociones y pensamientos nos vienen a la cabeza pero sí decidir qué queremos hacer con ellos. Y esto puede repercutir en nuestra salud, para mal o para bien. Al mismo tiempo, hay otras cosas que podemos hacer para mejorar nuestro sistema inmune, y con ello, nuestra salud: 

-Hacer ejercicio: Incluso si es un paseo en contacto con la naturaleza. Disminuye los niveles de cortisol (la hormona del estrés). 

Además, investigaciones llevadas a cabo en Japón han demostrado que caminar cerca de zonas verdes puede ayudar a combatir el cáncer. Las plantas emiten sustancias químicas (llamadas Fitoncidas, que las protegen de los insectos y la putrefacción). Cuando una persona inhala estas sustancias químicas, el nivel de las células Natural Killers aumenta dentro de su organismo. 

-Aprender a parar, a relajarse 

-Disminuir el consumo de azúcares refinados: Numerosos estudios han demostrado que tan solo 30 minutos después de consumir azúcar, la función inmune de una persona puede caer hasta en un 50%. Comer demasiado azúcar también se ha relacionado con enfermedades del corazón, úlceras, colitis, obesidad, cambios de humor…

Para una buena salud debemos alimentarnos de manera adecuada, ya que esto influye directamente en nuestro cuerpo y mente. 

-Fomentar una actitud optimista ante la vida: el optimista no es aquél que siempre está de buen humor, sonriendo y feliz. Se trata de saber adaptarse emocionalmente de manera adecuada a cada situación, aceptando las cosas que no se pueden cambiar y buscando soluciones para las que sí lo tienen. El dolor, el duelo, la depresión, el miedo y el pánico se consideran enemigos de nuestro sistema inmune, junto con el estrés y la ansiedad, que provocan la liberación de cortisol, lo que deprime la función inmune.

-Reír más: la risa favorece la función inmunológica e incluso puede reducir la inflamación. Además de mejorar nuestro estado anímico, lo cual también influye en nuestra salud, como se indica en el punto anterior. Así que debemos buscar vivir momentos agradables, divertirnos. 

-Aprender a expresar de manera adecuada lo que sentimos y a gestionar nuestras emociones 

-Mejorar las relaciones en nuestro círculo social: los estudios han demostrado que las relaciones sociales de apoyo mejoran el sistema inmunológico. Incluso los abrazos mejoran la inmunidad. Sin embargo, el aislamiento y la soledad inhiben la función inmune. Así que pasa tiempo y alimenta las relaciones con tus familiares y amigos y aparta de tu vida aquéllas personas que te restan energía y que no te aportan nada positivo. 

Nerea Gomez, Psicóloga Sanitaria

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